6/6/2010

Asesinato de Eloy Alfaro


En 1911 gana las elecciones Víctor Emilio Estrada. Ante un intento fallido por controlar el gobierno para poder llevar a cabo el genuino proyecto liberal, Alfaro es destituido por un golpe de estado el 11 de agosto de 1911, y posteriormente se exilia a Panamá. Cuatro meses después, el presidente Estrada muere y asume el interinato Carlos Freile Zaldumbide. Este designa a Leonidas Plaza, Jefe del Ejército. Era eminente la división del liberalismo en dos tendencias; la radical y la moderada.
Ante esta situación, el general Pedro Montero, compañero de batallas de Alfaro, trata de reinvindicarlo proclamando inconstitucional el gobierno en vigencia y declarándose Jefe Supremo en Guayas el 28 de diciembre de 1911, para que posteriormente Alfaro pueda asumir el mando. Lo mismo hizo Flavio Alfaro en Esmeraldas, pero él no buscaba reinvindicar a Eloy Alfaro, sino tomar el poder por él mismo. Las fuerzas liberales libran la batalla de Yaguachi, para recuperar el poder. Mueren 3.000 hombres. Alfaro regresó, pero no para volver al poder, sino para servir de mediador entre los suyos y el gobierno y evitar mayores problemas para el radicalismo y aun la mismísima desaparición del partido. Ante la eminente derrota del liberalismo, el Viejo luchador firma la rendición. La llamada Capitulación fue mediada por los Cónsules de Estados Unidos y Gran Bretaña. Contemplaba la rendición de las fuerzas liberales, amnistía a Montero y los partícipes del 28 de diciembre, y el exilio voluntario de don Eloy, en un vapor asignado por el gobierno. No habría represalias.
La Capitulación no fue respetada y el General Leonidas Plaza, Jefe de las fuerzas gobiernistas, ordena la detención de Eloy y Flavio Alfaro, Pedro Montero y Ulpiano Páez; además, se aprehendió a personas que nada tuviero que ver con los hechos anteriores, sino por el simple hecho de ser liberales, como Medardo Alfaro, el periodista Luciano Coral y Manuel Serrano.
El General Montero es asesinado durante su juicio en Guayaquil. El Presidente Freile ordena que los otros prisioneros sean llevados a Quito. Plaza, aparece como contrario a esta disposición, pero el Historiador Roberto Andrade lo acusa de haber manipulado la decisión y planeado el asesinato de los jefes del radicalismo, que ocurrió en la capital el 28 de enero de 1912 en el Panóptico de Quito. Como una ironía histórica, el Gral.. Alfaro fue llevado a Quito en el mismo tren que él construyó.
Controvertida es aún hoy la cuestión relativa a los responsables materiales e intelectuales del asesinato Alfaro y varios de sus tenientes.
La historia oficial atribuye tal vergüenza a la plebe. El historiador Roberto Andrade, contemporáneo de Alfaro, acusa a Leonidas Plaza; otros investigadores lo liberan. Nadie niega que fuera un crimen político y horrendo, instigado por móviles protervos, que aún hoy llenan a la República de estupor.
Guardaban la Penitenciaria el Regimiento No. 4, los batallones "Quito" y "82", y secciones de policía. Uno de estos cuerpos (dicen que el de Quito), fue escogido y aleccionado por Navarro, antes de su viaje á Guayaquil. Fatigados los generales prisioneros, empezaban a recostarse en las losas de los respectivos calabozos. El General Alfaro había pedido un cajón, que no le llevaron. Antecedieron rumores ficticios de asaltos, órdenes entrecortadas de soldados, movimientos de soldados en éste y aquél sitio y algunos fueron acercándose a cada calabozo. Las puertas estaban abiertas. Cuando el general anciano sintió un ruido, púsose en pie y se acercó a la puerta, en ademán de imponer silencio. Un soldado le tendió el rifle y le disparó un balazo en el cráneo. La muerte fue instantánea... Se realizó un presentimiento que le acompañó en toda su vida de lucha; pero que nunca le aterró, porque creyó inevitable un fin tan trágico". El Coronel Sierra es también protagonista de la página negra; se le acusa de haber salido desde el panóptico a la calle y haber pronunciado ante el pueblo estas palabras instigadoras: "Yo he cumplido con mi deber; ahora le toca al pueblo".
En la versión de Andrade, un individuo de apellido Pesantes llamó al pueblo y abrió las puertas, entregó los cadáveres y ordenó que los arrastrasen y quemasen.
Ayala Mora, quien ha escrito una moderna historia del Ecuador, señala: "No hay elementos suficientes para acusar a Plaza, pero es en cambio incuestionable que fueron los placistas junto con los conservadores y clérigos los que azuzaron a la multitud enloquecida". Junto a Eloy Alfaro, murieron (aunque no todos en el mismo día ni en el mismo lugar) Manuel Serrano, Flavio Alfaro, Ulpiano Páez, Luciano Coral, Pedro Montero, Medardo Alfaro, Belisario Torres, Luís Quirola.
Luego de la masacre del 28 de enero de 1912, se dice que se hizo desaparecer a los carceleros y toda evidencia del hecho que pudiera servir para la investigación. En su partida de defunción pusieron: "Asesinado por el pueblo".
A partir de ese día, se inició en el país la persecución de los alfaristas, y hasta 1916 en que ya gobernaba Leonidas Plaza Gutiérrez, se registraron alrededor de 5.000 muertos.